De príncipes y azules
¿Se ha desilusionado una por tamaña frustración? Quizás. ¿Ha dejado por ello una de proseguir por las sendas del camino de la heroína en busca de ese brillo zarco en la piel dorada de un príncipe único, insustituíble, signado por la vida y el destino para placer y felicidad de nuestra vida? Decididamente, no. Una no ha hecho más que equivocarse para dejar de hacerlo. Una ha llorado para limpiarse, y se ha caído para ponerse otra vez de pie. ¡Que no podría una llamarse "heroína" si abandonara su camino y su propósito al primer traspié!
Así es que habiendo aprendido que el mero enamoramiento tiene mucho de miento, habiendo lavado príncipes para consignar si pasaban la prueba del azul, habiendo llegado y partido más de dos o tres veces, lo que una ha hecho en el transcurso es precisar los contornos, cotejar las diferencias, y todo para conectarse con el propio deseo: ese deseo de ser feliz en presencia de lo que en verdad se quiere para una. Una ha empezado a describir y comprender qué tonos cerúleos no le apetecen, qué principados no habitaría ni loca que estuviera, qué caballos blancos no montaría ni disfrazada de princesa azteca. Es ahí cuando mirando atrás una descubre en un abrir grande de ojos y con el aliento contenido, que ninguno de los príncipes visitados era el propio y que es preciso seguir.
Los príncipes verdaderos - que pueden llegar a ser cualquiera que encuentre a su princesa adecuada - a veces aprenden. Cuando un príncipe crece, a veces también encuentra la poción mágica que le permite ser azul como el Mediterráneo a los ojos de una. Entonces una llega, casi sin darse cuenta, quizás en una segunda o tercera visita casual por una comarca conocida, y de pronto le parece ver un destello garzo en la mirada, un azul de Sajonia, de Prusia o de Turquí en la mano, un tornasol verdeazulado en la brisa que acompaña al príncipe... Las aguas interiores se aquietan y tiemblan, los poros del alma se expanden, y mil sonrisas se abren como magnolias en el cuerpo. El príncipe es todo él, misma esencia que una, mismo fuego, mismo azul. Una tal vez ha llegado a destino.


0 Comments:
Post a Comment
<< Home