Tuesday, June 29, 2004

El encuentro con Julio

Era una tarde parisiense tan llena de gris como otras cuando todos nos sumergíamos en el subsuelo de túneles para ser llevados más allá. Todos adentro de nuestras peceras con ruedas de goma íbamos ajenos al saber de alguien que las conducía por la oscuridad. Todos quietecitos para evitar el recargo del cansancio diario, para evitar el roce con el otro, la mirada desconfiada del otro. Ví los rostros de unos ancianos de pie, plegados de piel en exceso, resecos; ví los rostros de unos jóvenes, rosados y
translúcidos. Algo lejano surcaba mi mente, una frase que no lograba ubicar en el sitio adecuado del recuerdo…
De pronto trascendí el cristal de mi pecera y te ví, Julio, sentado inmóvil muy próximo a otros en la pecera vecina, y tus ojos claros y cansinos se unieron a los míos junto a una sonrisa compartida que me devolvió el lugar preciso del recuerdo de tu libro. Apoyé mis dedos flacos apenas en el vidrio y tu mueca registró mi movimiento. Decías: "Fue su quietud lo que me
hizo inclinarme fascinado la primera vez que ví un axolotl."

11 de setiembre de 1998. Escrito a Julio Cortázar, escritor argentino

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