Desenhebrados del alma
buscando el llanto de mi sangre.
Toqué los árboles y una roca
hasta esperar la llegada de la luna.
En la noche dormida
se apoyó la luz blanca
y brotó en éxtasis,
desde lo más profundo,
burbuja de ensueño:
el regalo de la tierra.
He hallado una inmensidad, oscura como el espacio sideral, brillante como las arenas del tórrido Sahara, fría como las fosas submarinas, caliente como Alpha Centauro.
Ay de la emoción más brutal que se hunde en mi carne y necesito estallar en un silencio sin tiempo.
Ay del viento en mi sangre, que me arrastra hacia lo que jamás ví!
Ay del sueño en la madrugada, de las horas pequeñas y detenidas.
Ay de la locura que se escurre…
No me sirve el llanto, ni el grito, ni el silencio.
¡Cómo aplacar el transcurso! ¡Cómo callar la felicidad y el fin!
Todo se ha tornado el sentimiento y tantas estrelas en las manos queman mis palmas. Las he arrojado, pero han vuelto.
¿Cómo liberarme del aire que respiro sin morir?
Maravillosa puerta de ingreso al infinito misterio…en algún lugar del camino estarás!
Si consigo permanecer en la irrevocabilidad de un atisbo de lucidez, la habré traspuesto.
Ganesha
Ya estás aquí, oh Ganesha!
Tu ojo encierra la sabiduría y la templanza.
Sin miedo te percibo, escondida en la jungla,
mientras tu paso mudo arrasa con la hierba.
Los vientos te circundan,
la furia está presente,
pero en la mente lo más hondo late.
Me sabes cerca, no te arredra.
Los vientos me rodean y no encuentro mi nombre:
la magia está presente.
Entre las lianas la luna asoma;
la tierra cede, cálida en la noche.
Demencia verde, primitiva, fugaz, eterna.
Mayo de 1990
Otra mente ha emanado de mí;
en otros pasos me veo: con la bella joven muerta
contemplando los jardines del Ryoan-ji.
No he dejado sin embargo
de estar aquí, a tu lado,
con mis hijas y los libros.
Multiplicada en las caras de un espejo de cuarzo,
las sensaciones explotan, simultáneas y diversas.
Empujada por los cuatro vientos
la conciencia se aferra al centro.
31-10-90
Los círculos concéntricos resplandecen en la superficie del lago,
cautivantes,
pero la piedra olvidada desciende en sinfonía de vibraciones hacia el fondo.
Asi precipita la pulsión de vida hacia el centro del alma
cuando se pierde contacto con el color y la forma;
así se disuelve el alma cuando el silencio cunde
en el interior vacío de la nada.
1-5-91
Como era entonces, en el origen
la primera vez que los ojos de la mujer y del hombre se hallaron,
del mismo modo hemos descansado en nuestras miradas,
fundiendo colores,
creando las formas eternas y aún nuevas.
¿Qué quedará de nosostros?
¿Quién dirá ante nuestras cenizas, del sentimiento, del ardor, del desvelo?
En otro tiempo,
cuando se repita el encuentro de otros ojos,
habremos renacido,
produciendo el milagro,
el mismo que existe hoy cuando, sin saberlo,
en el beso se iluminan las cenizas ocultas
sobre las que pisamos desde hace milenios.
Despliega el látigo
y envía el tigre a la montaña.
Deja que tu pulso pinte las palabras de Li Po.
Toca las verdes hojas del bambú
y siente al sol sentado bajo el shinko en otoño.
Escucha el espacio entre las rocas del arroyo,
y sobre todo, no busques.
En el vértigo de la paz
habrás hallado al Tao.
1988
De tu no-ser y del mío
he percibido el sentimiento
que nos une;
me confunde su existencia,
su aparente fuerza
que me impulsa hacia tí,
que te desliza hacia mí.
Un brote de la nada,
gestación del vacío.
Las risas en el mar…
Participación en el silencio:
amor mudo.
1991
Mujer kayapó
préstame tus aros
visteme con tus plumas y tus cuentas
hasta trocar
mi salvaje urbanidad
en tu pureza.
Mujer kayapó
enséñame el perfume
natural de tu selva
para desterrar
de este cuerpo mío
el sabor del sufrimiento.
Agosto de 1998
Con la ventana abierta, me dices,
se oye el murmullo del agua…
y desde lejos escucho tus latidos
y siento los besos tibios
que de pronto se encienden en un gemido
que acaban por ahogar el canto del agua
y se funden con ella…
Y el arroyo los lleva
tumultuoso hasta el mar
y el océano estalla
por nuestro rugido voraz
en olas gigantescas que salpican estrellas.
Y con tus últimas caricias descansando mi piel,
el Pacífico se adormece en un sueño tranquilo,
y el arroyo que corre, mensajero de amor,
regresa su murmullo en la noche tan quieta,
y te acuna sin mí.
9 de julio de 1998
Sólo la ternura
Sólo la ternura
frágil y pequeña
necesito,
suspendida en puntillas,
mirando el abismo.
Sólo la ternura
de un beso en los labios
necesito,
sobre la piedra inestable
al borde del precipicio.
Sólo la ternura
de tu abrazo terciopelo
necesito,
que me quite el vértigo
en el filo del vacío.
Sólo la ternura…
Así no muero.
Así no muero.
Asi no muero.
Los pies helados en la cama gritan la soledad.
Si sólo me desangrara para sentir algo tibio fluir…
Las manos tiesas de frío duelen tu ausencia
cada vez más lejana y definitiva.
Y el día de hoy que no acaba de irse…
4 de noviembre de 1998
Sin aliento te percibo de pronto borroso
a través del cristal roto de mis ojos
y eres la daga final ante mi vientre
la flecha lanzada
el tiro disparado
el estallido adentro
mi lagrima cayendo una y otra vez
misma lagrima que rueda hacia el mosaico
y renace virgen para caer.
Sin voz te escucho el silencio
a través de las paredes de mi hueco
y eres el vacío del hambre
el cuchillo filoso
la metralla sorda
la explosión interna
mi muerte incendiada, idiota,
insignificante
que rueda invisible entre las multitudes
Dejo de ser por no haber podido ser por mí
por haberme ofrecido casi por kilo
por dejarte cortarme en trozos
asi dejo de ser
y qué poco importa
qué nada importa ahora.
Qué hago ahora con los añicos de mi sueño?
Cómo podría siquiera imaginar la luz?
A tientas, a tientas me agrieto en el desgarro.
No quiero morirme todavía.
Pero en la cama,
la ciénaga me jala las piernas.
Su frío me punza, me hiere, me hiela,
y debo ceder,
hundirme y ceder
hasta la asfixia del grito detenido.
Qué hago yo ahora con estos miles de cristales
destrozados adentro?
Si no puedo decirte “ amor”,
cómo te llamo?
9-11-98
Un picotazo de rapiña en la crisálida delgada
rasgó alguna vez la seguridad
y perdí, sin notarlo, el agua de mi útero.
El destiempo avanzó oscuro
secando las alas
en la niñez temprana,
agotando el vuelo, antes de ser.
Maduró el cuerpo encerrado
en el capullo muerto
y cuando llegó el alba del nacimiento
y la membrana se abrió a la luz,
mi mariposa frágil
agitó una vez sus ansias
y se deshizo en polvo dorado
que una ráfaga inconciente
dispersó en el aire.
20 de noviembre del 98.
Devuelta a la superficie
de tu mano que se hundió
a buscar una a una
entre las aguas del cenote
mis lágrimas derramadas.
Creí ver que me veías…
Traída a la luz,
en tu pecho, entre tus brazos.
De estas aguas por años dormidas
arrancaste el suspiro.
Sólo uno.
Y desvanecido.
…
Al abrir los ojos
el silencio invadió el alba
y ya no amaneció.
Cegada por la quietud
ahogada otra vez en la locura
de esta soledad de peste,
tu ausencia sacudiéndolo todo,
la ilusión del cimiento, partida.
No sé más dónde estoy.
No hay mapas, ni códigos.
No hay camino, ni estrella.
Me queda este aquí
insensato, enfermo, acribillado,
y mis dientes apretados
para sobrevivir.
26 de diciembre, 98
Quién acompaña mi llanto?
Los niños que mueren son los que saben
Niña ardida en la hoguera
Niña oculta en la guerra
el eco de tu grito quedo se me parece.
En eso se han convertido mis cerezas.
Leelo y sangrá
rasgá las palabras a mordiscones
hasta que se te llaguen las encías
y el pavor te cale por los dientes.
Leé mi abandono
dejá la arteria abierta en la tormenta
hasta que drenes todo el miedo
y el vacío se adueñe de tu médula.
Pero dejame padecer mi muerte sola
No vuelvas para irte
nunca más.
Que entre tantas muertes
sé que una, pronto, será la última.
26/12/98
Voy preguntando dónde están los veranos
pero nadie me contesta.
Ya se escaldaron mis pies
y la gente me mira como si pidiera dinero.
¿Dónde hay un verano?
No pretendo uno nuevo,
el recuerdo raído de un día soleado,
palita olvidada a la orilla del mar,
risas irisadas entre dunas calientes.
Bastaría con el perfume de un damasco,
o una brisa entre pinos.
Sería suficiente rememorar unas gotas de sudor
atravesando un campo dorado.
Pero no hay siquiera un demente que corra la piedra
y revuelva mi tumba.
Me pishé encima para que mi madre volviera a lavarme
y cambiar mis pañales.
Pero su muerte no entiende la mía
y la espero en vano,
hediendo y gritando socorro.
Interior. Nada. Noche
Ocuridad. Sonido…corre…Cámara…anda
Acción!
Las marionetas se alzan de repente,
pero las poleas fallan, las cuerdas se cortan
los fresneles que nunca se encendieron estallan
como una bomba a lo lejos.
La desgracia corre abrumada y se agazapa
bajo mi pelo.
No sabemos qué hacer, ni ella ni yo.
Pretende acariciar mi nuca arrancándome la piel.
Yo la dejo.
Algo es algo.
A Alejandra Pizarnik
Trenzo mis poemas con los tuyos, Alejandra.
¿Qué te queda por ahí?
¿Unos huesos carcomidos?
¿Unas cenizas?
Comamos algo juntas.
¿Qué te gustaría?
Sombra agridulce,
resplandor agrio.
Oscilamos en la cruz de un sube y baja.
Vos sabés más que yo,
porque caíste primero.
¿Qué jerarquía da una muerte prematura?
Podrías haber sido mi madre…
¿Escribías el día en qué nací
o ya entonces parías mi dolor y me dejabas el nombre?
Mejor no comas,
que este plato es de sinsabores.
Mejor juguemos a rodar.
Puede que así me despeñe de una vez
y logre oír tu risa.
Mañana voy a crear personajes felices
que sepan coplas infantiles
y toquen el tambor.
Va a ser gente que se enamora y lo dice,
que hace el amor y se queda durmiendo abrazada.
Gente feliz de morirse de a dos,
comiendo ananá en dados con una cucharita.
Voy a escribir personajes que se miren a los ojos
sin que se les apriete el corazón por eso.
Va a ser gente que se ría abiertamente
cuando derrame el café.
Van a jugar en la playa …
Van a acampar junto al lago…
Van a acariciarse las yemas de los dedos…
y nunca, nunca, van a tener que pensar en mí.
26/12/98
Esto es todo lo que tengo:
poemas que urde esa zona desconocida y vieja,
como cuentas de un rosario sin comienzo,
desenhebrados del alma,
mi sutra ancestral.


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